jueves, 19 de febrero de 2026

“Equipaje” de Pablo de Santis. Se había acostumbrado al ritmo del hotel. En esa época del año las noches eran tranquilas, porque no había turismo y los viajantes llegaban _iempre durante el día. A la mañana, en cambio, prefería refugiarse en una de las habitaciones vacías, para no oír las vo_es de los clientes, que entre medialuna y medialuna comentaban el estado de los caminos o el éxito de los negocios. Se sentía muy alejado de la vida de los viajante_, siempre en camino, siempre con la ilu_ión de que en la próxima ciudad, o en el próximo pueblo, los esperaba la suerte que hasta ahora se les había negado. A él ya no le interesaba viajar; quería un lugar donde afincarse. Aprove_haba las noches para pasear por el hotel. Recorría los pasillos desiertos, subía y bajaba en el ascensor. Si algún cliente se había mostrado impaciente o maleducado, él se encargaba de perturbar su sueño a través de ligeros golpes a su puerta. Pero la tranquilidad se interrumpió cuando apareció la valija. Ya la primera ve_ que la vio- sola en medio de un pasillo- le produjo un inexplicable desasosiego*. Esa vez pensó que alguien la había dejado olvidada. Dos semanas después volvió a encontrarla, abajo, en el hall, junto a uno de los sillones verdes. Estuvo tentado de abrirla, pero se contuvo. Era una valija de cuero, algo ajada. La manija se había roto, y la habían reparado con hilo sisal*. No sabía si estaba llena o va_ía, porque ni siquiera la había tocado. Como la mayoría de los pasajeros del hotel eran hombres, supuso que era la valija de un hombre. Mientras miraba, por la ventana del hotel, el camino que llevaba a la ciudad, pensaba en la valija. Tal vez la había olvidado alguien mucho tiempo atrás, y los muchachos del hotel la habían sacado del sótano para hacer una broma. No encontraba otra explicación. A ve_es se sorprendía pensando en el dueño. Le imaginaba una cara, un oficio, algunas circunstancias. Quizás bastaba abrir la valija para saber cómo era. Las cosas que uno pone en una valija son como el resumen de una vida. Ahí está todo lo que uno puede decir de sí mismo. Ahí está todo lo que uno puede esconder. Una noche oyó el ascensor que bajaba hacia él. Cuando abrió la puerta, no había nadie, pero allí estaba, por tercera vez, la valija. Volvió a sentir el desasosiego, el temor. Ya era hora de abrirla. No sentía curiosidad; pero quería sacarse de encima el peso de la duda. Soltó las dos trabas y la abrió. Revisó con cuidado su contenido, como un empleado de aduana que busca en los repliegues una mercancía prohibida. Había una navaja de afeitar, una novela poli_ial, un frasco a_ul, vacío. Entre la ropa, encontró una bolsita de lavanda. Fue ese olor lo que le hi_o recordar. Entonces reconoció la navaja con la que se había afeitado por última vez, la novela que no había terminado de leer, sus tres camisas, que siempre doblaba con esmero. Reconoció su nombre al pie de una carta en la que se despedía de una mujer que ya, por su cuenta, se había despedido. Reconoció el frasco azul, y recordó el sabor del veneno que había tomado de un trago, por motivos que ahora le parecían ajenos. Los hoteles son lugares de paso y él necesitaba un lugar definitivo. Salió a la madrugada, a la hora que eligen los viajantes cuando tienen mucho camino por recorrer. Y aunque le pareció que no lo iba a necesitar, llevó consigo el equipaje. Glosario: *Desasosiego: Falta de tranquilidad o serenidad. *Sisal: Fibra vegetal con la que se hace un tipo de hilo. 2do Trimestre: (Temas: Uso de C/S/Z, Clases de palabras y su consecuente análisis semántico –tipo de palabra– y morfológico –género, número, persona, tiempo, modo, aspecto–, géneros literarios, reseña crítica y comprensión de texto) 1- Leer el texto atentamente. 2- Indicar la opción correcta:  El hombre del hotel: a) recuerda su pasado con precisión. b) tiene presente algunos recuerdos. c) no recuerda nada de su pasado.  El hombre del hotel tiene desde el comienzo: a) seguridad sobre el origen del equipaje. b) total desinterés sobre el origen del equipaje. c) algunas hipótesis sobre el origen del equipaje.

 “Equipaje” de Pablo de Santis.

Se había acostumbrado al ritmo del hotel. En esa época del año las noches eran tranquilas, porque no había turismo y los viajantes llegaban siempre durante el día. A la mañana, en cambio, prefería refugiarse en una de las habitaciones vacías, para no oír las voces de los clientes, que entre medialuna y medialuna comentaban el estado de los caminos o el éxito de los negocios.

Se sentía muy alejado de la vida de los viajantes , siempre en camino, siempre con la ilusión  de que en la próxima ciudad, o en el próximo pueblo, los esperaba la suerte que hasta ahora se les había negado. A él ya no le interesaba viajar; quería un lugar donde afincarse. Aprovechaba las noches para pasear por el hotel. Recorría los pasillos desiertos, subía y bajaba en el ascensor. Si algún cliente se había mostrado impaciente o maleducado, él se encargaba de perturbar su sueño a través de ligeros golpes a su puerta.Pero la tranquilidad se interrumpió cuando apareció la valija. Ya la primera vez que la vio sola en medio de un pasillo- le produjo un inexplicable desasosiego*. Esa vez pensó que  alguien la había dejado olvidada. Dos semanas después volvió a encontrarla, abajo, en el hall, junto a uno de los sillones verdes. Estuvo tentado de abrirla, pero se contuvo. Era una valija de cuero, algo ajada. La manija se había roto, y la habían reparado con hilo sisal*. No sabía si estaba llena o vacía, porque ni siquiera la había tocado. Como la mayoría de los pasajeros del hotel eran hombres, supuso que era la valija de un hombre. Mientras miraba, por la ventana del hotel, el camino que llevaba a la ciudad, pensaba  en la valija. Tal vez la había olvidado alguien mucho tiempo atrás, y los muchachos del hotel la habían sacado del sótano para hacer una broma. No encontraba otra explicación. A veces se sorprendía pensando en el dueño. Le imaginaba una cara, un oficio, algunas circunstancias. Quizás bastaba abrir la valija para saber cómo era. Las cosas que uno pone en una valija son como el resumen de una vida. Ahí está todo lo que uno puede decir de sí mismo. Ahí está todo lo que uno puede esconder. Una noche oyó el  ascensor que bajaba hacia él. Cuando abrió la puerta, no había nadie, pero allí estaba, por tercera vez, la valija. Volvió a sentir el desasosiego, el temor. Ya era hora de abrirla. No sentía  curiosidad; pero quería sacarse de encima el peso de la duda. Soltó las dos trabas y la abrió. 

Revisó con cuidado su contenido, como un empleado de aduana que busca en los repliegues una mercancía prohibida. Había una navaja de afeitar, una novela policial, un frasco a ful, vacío. Entre la ropa, encontró una bolsita de lavanda. Fue ese olor lo que le hizo recordar. 

Entonces reconoció la navaja con la que se había afeitado por última vez, la novela que no había terminado de leer, sus tres camisas, que siempre doblaba con esmero. Reconoció su nombre al pie de una carta en la que se despedía de una mujer que ya, por su cuenta, se había despedido. Reconoció el frasco azul, y recordó el sabor del veneno que había tomado de un trago, por motivos que ahora le parecían ajenos. Los hoteles son lugares de paso y él necesitaba un lugar definitivo. Salió a la madrugada, a la hora que eligen los viajantes cuando tienen mucho camino por recorrer. Y aunque le pareció que no lo iba a necesitar, llevó consigo el equipaje.

Glosario

*Desasosiego: Falta de tranquilidad o serenidad. 

*Sisal: Fibra vegetal con la que se hace un tipo de 


1- Leer el texto atentamente.

2- Indicar la opción correcta:

 El hombre del hotel:

 a) recuerda su pasado con precisión.

 b) tiene presente algunos 

recuerdos. 

c) no recuerda nada de su pasado. 

 El hombre del hotel tiene desde el comienzo:

 a) seguridad sobre el origen del 

equipaje. 

b) total desinterés sobre el origen del equipaje. 

c) algunas hipótesis sobre el origen del equipaje.

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